CRÍTICA TEATRO: “OPTIMISMO GLOBAL”

Combatir el pesimismo es el primer objetivo de cualquier espectáculo de humor, pero ninguno lo combate de la manera tan directa y eficaz como este Optimismo global de la compañía PocaConya. Escrito, dirigido e interpretado en solitario por Eduard Biosca, el show tiene un formato mínimo –un atril, una butaca y una pequeña pantalla en la cual aparecen proyectados pensamientos célebres, algunos negativos y otros, esperanzadores–, pero tampoco no le hace falta más: la austeridad escenográfica hace recaer siempre el interés en el intérprete y, en este caso concreto, consigue que el monólogo de Biosca –divertido pero ácido, ligero, pero nada insustancial– llegue al espectador sin filtros ni obstáculos.

La sustancia de “Optimismo global” se encuentra en la documentación y el exhaustivo trabajo de estudio que se adivina detrás de cada gag, en la su filosofía optimista –como no podía ser de otra manera– pero no cándida o elemental, sino madura y profundamente humanista. A través de un humor que arranca más sonrisas que grandes carcajadas, el autor de “Optimismo global” nos invita a observar la realidad desde una perspectiva positiva, a reconciliarnos con el ser humano –con nosotros mismos– y a ver el vaso ya no medio vacío, sino cada vez más lleno. Sin adoctrinamientos ni ingenuas proclamas, sólo con ingenio y un pragmatismo ejemplar.

Por Carme Tierz. TIME OUT