CRÍTICA TEATRO: “OPTIMISMO GLOBAL”
La vida es una cosa muy seria, a menudo trágica y, en ocasiones, cómica, pues la más terrible y dramática de las situaciones también posee su lado divertido, risible. Pero no todo el mundo consigue percibir y apreciar lo cómico, que consiste precisamente en entender y expresar ese lado hilarante de la realidad. El humor chabacano, facilón, prefabricado (¿chiste?) está al alcance de muchos, pero el auténtico humor requiere una sutil y feliz disposición mental, capaz de ver el lado jocoso y, por que no, optimista de la existencia.
Un poco de todo ello está presente en “optimismo global”, el espectáculo escrito e interpretado por Eduard Biosca, quien durante cerca de una hora y media nos plantea custiones tales como si realmente los objetos materiales nos hacen más insensibles o más humanos, si los pesimistas son sólo optimistas bien informados o personas que leen demasiadas (malas) noticias: cuál es la diferencia entre estar bien, mal o peor, o si podemos tener esperanza en el futuro, ignorando a toda clase de agoreros y catastrofistas.

En apariencia, “Optimismo global” parece un espectáculo plagado de bromas más o menos conseguidas: un trabajo pulcro aunque superficial. Sin embargo, si desechamos nuestro escepticismo (nuestro pesimismo) veremos que se trata de una obra muy elaborada y, por qué no decirlo, dotada de cierta profundidad, que empieza precisamente por disipar tensiones, resolver dudas más o menos existenciales y facilitar las relaciones humanas al plantearnos nuestra misma existencia cotidiana desde un punto de vista positivo, alejado del fatalismo y la insatisfacción. “Optimismo global” ilustra y entretiene, arranca sin esfuerzo sonrisas e, incluso alguna carcajada, y lo mejor de todo: hace pensar. Un logro notable si tenemos en cuenta que en el escenario solamente hay un actor entregado e ingeniosos, un atril, una butaca vacía y una pequeña pantalla de plasma por donde desfilan diversos gráficos y aforismos. Muy recomendable.
Por Antonio J. Navarro. GUIA DEL OCIO
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